jueves, 14 de agosto de 2025

LA MODALIDAD A DISTANCIA Y SU REGULACIÓN EDUCATIVA EN PANAMÁ

 


La modalidad a distancia en la educación panameña ha cobrado relevancia como una herramienta para garantizar continuidad y equidad en contextos cambiantes. Como profesional de la educación, he visto cómo el sistema ha respondido cada vez que las aulas tradicionales se vaciaban o se volvía necesario reinventarse. Las letras legales nos ofrecen un marco, pero son las experiencias cotidianas las que nos recuerdan la urgencia de integrarlas con humanidad.

Normativa vigente

Desde la pandemia, el MEDUCA ha establecido varios instrumentos formales para normar esta modalidad:

La Resolución N.° 59 del 2 de julio de 2020 aprobó los lineamientos para el establecimiento de la modalidad no presencial, subrayando la importancia de conformar redes solidarias y adaptar el currículo al contexto digital:

“...generar enseñanzas en contextos variables con el uso de tecnología virtual, semipresencial y con el uso de materiales educativos de autoaprendizaje en todos los formato

El Resuelto N.° 2324 reglamenta la conducta en clases virtuales, y establece deberes, sanciones y protocolos claros para estudiantes, docentes y padres:

“...normar la interacción entre el docente, estudiante y padre de familia, así como el buen uso de las herramientas tecnológicas... con la finalidad de brindar una experiencia de aprendizaje segura y amigable…”

El Ministerio también precisó criterios mínimos que deben cumplir los centros educativos en educación virtual, incluyendo los formatos sincrónicos y asincrónicos, la calidad de contenido y la atención a estudiantes con discapacidad.

Más recientemente, la Ley 245 de 2021 y su reglamento mediante Decreto Ejecutivo 45 de 2024 contemplan la educación en casa como modalidad a distancia transitoria, solo disponible bajo solicitud del estudiante y con herramientas virtuales e impresas.

Cada una de estas normas busca asegurarnos que la educación a distancia no sea una improvisación, sino una experiencia digna y estructurada. Sin embargo, a veces me pregunto: ¿llegan realmente esas reglas a los rincones más apartados de nuestro país?



En mi recorrido, he tocado puertas de escuelas sin internet, he visto estudiantes compartir un solo teléfono para conectarse y docentes que, sin guía, improvisan estrategias. La normativa existe, pero la brecha digital y las carencias logísticas la convierten en palabras en papel.

Y aun así, hay esperanza. Iniciativas como el programa “Conéctate con La Estrella”, que transmitió clases por radio y televisión con intérpretes de lengua de señas en comarcas indígenas, mostraron que podemos ser creativos y llegar a donde otros creen imposible llegar, mucho más tomando en cuenta las posibilidades que tiene Panamá en materia de avance tecnológico.

 La modalidad a distancia en Panamá tiene dos retos centrales:

Primer reto: de lo improvisado a lo permanente.
Durante emergencias (como la pandemia), la educación a distancia en Panamá se aplicó como una solución rápida para seguir enseñando. El primer desafío ahora es dejar de verla como algo provisional y convertirla en un sistema estable, bien planificado y con estructuras permanentes. Eso implica tener plataformas confiables, materiales diseñados para esa modalidad y un plan a largo plazo.

Segundo reto: que la ley no se quede en papel.
Aunque existan normativas y políticas que apoyen la educación a distancia, no basta con que estén escritas. Hay que asegurarse de que se cumplan en la práctica, lo que requiere:
1. Recursos tecnológicos (computadoras, internet, electricidad estable).
2. Capacitación real de docentes para que sepan enseñar a distancia, no solo trasladar lo presencial a una pantalla.
3. Flexibilidad pedagógica, es decir, ajustar los métodos para que cada estudiante pueda aprender, sin importar si vive en la ciudad o en una comunidad rural, o si tiene diferentes circunstancias personales.

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