Los Decretos Ejecutivos N.º 121 de 2012 y N.º 100 de 1957 establecen los marcos normativos que guían la conducta profesional de los docentes en el país. Estos documentos no solo delinean deberes y derechos, sino que también reflejan los valores y principios que deben regir la labor educativa.
Decreto
Ejecutivo N.º 121 de 2012: Código de Ética Profesional del Cuerpo de Educadores
El Decreto Ejecutivo N.º 121, promulgado
el 16 de febrero de 2012, establece el Código de Ética Profesional del Cuerpo
de Educadores de la República de Panamá. Este código fue adoptado originalmente
en 1951 y actualizado en 2012 para fortalecer la labor de los educadores
panameños mediante el reconocimiento de su desempeño docente.
El artículo 1 del decreto establece que:
“El educador panameño debe mantener la
salud física, mental y espiritual satisfactoria y necesaria para el ejercicio
de su profesión.”
Este principio subraya la importancia
del bienestar integral del educador como base para una enseñanza efectiva y
ética.
El código también detalla los deberes
del educador hacia sí mismo, los estudiantes, otros miembros de la comunidad
educativa, la comunidad, la institución y el Estado. Entre estos deberes, se
destaca la necesidad de mantener una capacitación continua y actualizar las competencias
acordes con el contexto nacional e internacional, tomando en cuenta los avances
educativos, científicos y tecnológicos de las diferentes disciplinas, para que
el proceso de enseñanza-aprendizaje se realice de manera integral.
Decreto
Ejecutivo N.º 100 de 1957: Los Deberes y Derechos del Docente Panameño
El Decreto Ejecutivo N.º 100, promulgado
el 14 de febrero de 1957, establece los deberes y derechos de los docentes
panameños. Este decreto define las funciones de la Dirección General de
Educación, supervisores, inspectores, directores de escuelas y maestros, y
establece las responsabilidades jerárquicas y operativas dentro del sistema
educativo.
El artículo 31 del decreto establece
que: “Son deberes de los profesores regulares…” y continúa detallando las
responsabilidades específicas de los docentes, incluyendo la obligación de
asistir puntualmente a sus labores, mantener una conducta profesional ejemplar
y colaborar en el desarrollo de la institución educativa.
Como educadora, y a la vez estudiante, que
ha transitado por diversas etapas del sistema educativo panameño, he sido
testigo de los desafíos y las oportunidades que presentan estos marcos
normativos. Los principios éticos establecidos en los decretos son
fundamentales para guiar nuestra práctica profesional y garantizar una
educación de calidad para todos los estudiantes.
Sin embargo, la implementación efectiva
de estos principios requiere un compromiso constante de todos los actores del
sistema educativo. Es necesario que los educadores reciban el apoyo adecuado,
tanto en términos de formación continua como de condiciones laborales, para
poder cumplir con las expectativas éticas y profesionales que se nos exigen.
Además, es esencial que la comunidad
educativa en su conjunto, incluyendo a los estudiantes, padres de familia y
autoridades, reconozca y valore la importancia de la ética en la educación.
Solo a través de un esfuerzo colectivo podremos asegurar que los principios
establecidos en los decretos se traduzcan en prácticas concretas que beneficien
a toda la sociedad.
¿Qué opinión tienes al respecto?
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